Entre los partidos del bloque de la consulta, la desconfianza lo envenena todo. En el soberanismo civil, hay una mezcla de confusión, ansiedad y voluntad de salir adelante. En la buena gente que no hace táctica, la prioridad es ir a votar el 9N. Rumores y más rumores circulan en abundancia, el clima se enrarece y algunos personajes parece que encuentran gusto en la reyerta y los reproches. Es momento de dar protagonismo a las mujeres y los hombres que –evitando resentimientos personales y excesos partidistas- hacen un esfuerzo por poner las luces largas y comprender la dificultad de la encrucijada donde nos encontramos. Los líderes, en esta hora, sólo deberían escuchar las voces constructivas, las que buscan coincidencias y equilibrios, las que trabajan por el acuerdo y no para dar la razón a los augurios de Madrid.

Serenidad, coraje, inteligencia. El primer paso es desmontar –como quien desarma un explosivo- la desconfianza. No sólo la que proviene de los últimos hechos y sus interpretaciones, también la que se ha fabricado a conciencia –desde hace muchos meses- con finalidades que algún día sabremos. La crisis del bloque de partidos soberanistas es una crisis de confianza más que una crisis estratégica con una circunstancia que no se puede pasar por alto: en la calle, esta desconfianza no existe, al contrario. La gente confía en que saltaremos la pared tarde o temprano, aunque pueden darse momentos de duda y ratos de fatiga.

El capital político que representa la unidad hasta el pasado lunes no puede dejarse de lado. Es un combustible que necesitaremos para rodar el tercer rollo de la película del proceso soberanista, el que tiene como argumento principal la declaración de independencia o una iniciativa similar. La unidad ha hecho grande al soberanismo y lo ha colocado en el centro de la vida del país.

Generosidad, visión, control de los tiempos. Pongamos las luces largas, no seamos prisioneros de las querellas de vuelo gallináceo. Todos los partidos catalanes tienen aspiraciones legítimas pero hay un objetivo compartido y por encima de los intereses de parte: aprovechar la oportunidad histórica, desconectar de un Estado español que nos considera una anomalía bajo sospecha permanente. ¿Podría perdonar la buena gente que nuestros responsables políticos no entiendan qué es lo más importante hoy? Votemos el 9 de noviembre y hagamos que salga bien. Y, después, procuremos sumar para hacer posible un país nuevo, convirtiendo unas elecciones al Parlament en el salto definitivo hacia la libertad. ¿Qué dirían nuestros hijos, el día de mañana, si ahora no somos capaces de actuar con el espíritu de grandeza que exige el sueño de tanta y tanta gente?

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2 Responses to Desmontar desconfianzas, poner luces largas

  1. Oriol Pi de Cabanyes dice:

    Excel.lent, com sempre. Ara el que comptarà serà la interpretació del 9-N (que és una demostració més,i què?, perquè no ha pogut ser un referéndum). Sobretot de cara als observadors internacionals és important que sigui un gran èxit de participació.Perquè no faltaran veus, de dins i de fora, que en voldran fer un fracàs, un ridícul, una farsa poc democràtica…Ni cas. El derrotisme,de bona o de mala fe, no hem de deixar que ens derroti.

  2. JM. Cassani dice:

    Em temo que hi ha una desconfiança envers el comportament històric de CiU. Quan reclames generositat i visió intueixo que interpel.les a ERC però ni tu tens clar cap on ens porta en Mas i CiU. Que vol dir “declaración d’independència o una iniciativa similar”?

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